sábado, 23 de enero de 2010

XIII FESTIVAL "LA ISLA DEL BLUES"

El pasado 1 de agosto se celebraba en Cádiz la decimotercera edición del Festival Internacional La Isla del Blues, nombre un poquitín pomposo para un festival que solo consta de un concierto pero bueno, es lo que hay. Y alguién pensará qué hacemos hablando de ello pasados cinco meses. Pues lo mismo que lo hacemos de un concierto vía satélite de Elvis Presley un 14 de diciembre del 73, de la gira de las Américas de los Stones allá por el 75 ó del glorioso festival de Monterey con Hendrix en lo más alto y nos quedamos tan anchos, que esto es libre ¿o no?

Pues bien, una vez hechas las "no disculpas" de rigor, hablemos de música. A los que conozcan este festival, sabrán que lo de la "Isla" viene por celebrarse en sus inicios en San Fernando (Cádiz), uséase La Isla de León, aunque ya son varias las ediciones que lleva el evento en Cádiz capital, variando los escenarios primero el teatro de verano Jose María Pemán y hace no mucho, en el Baluarte de la Candelaria.

A lo que interesa. Esta pasada edición contaba con la presencia de dos destacables guitarristas: Matt Schofield y Jason Barwick. Quizás sólo conocidos por expertos, pero para los allí presentes convertidos en referencia de cómo se puede seguir la estela de los Vaughan, Hendrix, Page, Albert Collins o Freddie King sin sonar a imitación o a banda tributo. Con el pequeño retraso de rigor, no mucho realmente, apareció sobre las tablas el violero Matt Schofield, gorra del revés como para dejar clara su procedencia USA, error!!!! Matt está considerado de los mejores guitarristas en activo nacidos en la Gran Bretaña. Temas propios en su inmensa mayoría, que a buen seguro hicieron a muchos entrar al día siguiente en Amazon para pillar sus discos. Influencias jazzísticas, blues sin estridencias y una guitarra para escuchar paladeando y descubriendo matices, de esos temas que oyéndolos una y otra vez con atención, siempre encuentras algo nuevo y oculto. Presentando su tercer disco de estudio "Heads, tails & aces", nueve temas propios más dos versiones: Woman Across The River, de Freddie King y el clásico de Elmore James, Stranger Blues. La principal diferencia en este trabajo respecto a los anteriores, la incorporación de bajista al trío anterior, formado por guitarra, batería y hammond. El primer trabajo de Matt, The Trio Live, compuesto de versiones, fue seguido en 2005 por Siftin´Thru Ashes y dos años después lanzó Ear To The Ground. Un músico a seguir.

Pero seguro que lo que dió más que hablar fue la segunda parte. Y fue porque el imberbe Jason Barwick, que podría ser el hijo de muchos de los allí presentes, además de atacar las seis cuerdas con maestría es un verdadero showman. Al consabido tocar la guitarra por detrás de la cabeza (ay, si a su padre le hubiese gustado más el fútbol y menos Jimi Hendrix...), se unían los saltos de poseído y el efectista tocar la guitarra con el arco de un violín. Pero todo esto no significaría nada sin las magníficas versiones del genio de Seattle o de los Zeppelin. ¿Y tocaba solo? No hombre, no. Junto a él un buen bajista/vocalista y un contundente batería, padre e hijo respectivamente. Hay que decir que el orgullo que emanaba el bajista hizo pensar a muchos que Jason Barwick era su hijo, pero no. ¡¡Ah!! Otra cosa, ese trio de raigambre hendrixiana lleva por nombre The Brew, casi se me olvidaba. Que sepamos con dos discos en el mercado, el primero homónimo y el segundo The Joker.

Y leyendo todo esto parecen no tener importancia los músicos que acompañaban a Matt Schofield y a Jason Barwick y no es así. La banda de Schofield está formada por Johnny Henderson al órgano hammond, y dos nuevos miembros, el batería Alan Baudry y Jeff Walker al bajo, músicos avezados pero con la clara intención de pasar desapercibidos, todo lo contrario que Tim Smith al bajo y Kurt Smith a las baquetas, los secuaces de Jason Barwick. Dos formas totalmente distintas de entender la música, o quizás, de entender la música en vivo. Un grupo liderado por un guitarrista/cantante de los que uno se imagina en una sala casi a oscuras y llena de humo, y otro liderado por un casi infantil maníaco de las cuerdas, que con un poco (o un mucho) de suerte, podrían hacer botar un recinto de respetables dimensiones. Dos estilos de hacer buena música totalmente diferentes.

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